Año jubilar en Triana

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Dijeron que iba a llover pero este primer domingo de mayo amaneció espléndido. Una de esas claras y suaves mañanitas que da gusto pasear por la radiante primavera de la Sevilla Eterna. Quedamos a las diez para salir desde la plaza Virgen de los Reyes, en la primera peregrinación a Triana que ha organizado la Parroquia de San Juan Pablo II de Montequinto. Así estrenamos el Día de la Madre y el mes de María, con la dulce carga de los ramos de rosas en las alforjas, cantando los misterios del Santo Rosario por las calles del Arenal. Fue una experiencia fraternal plagada de vivencias tan delicadamente hermosas, que atesoré en el alma un cúmulo de gratas sensaciones para el recuerdo. Yo me iría con ustedes, pero tengo misa a las once en Benacazón… nos dijo el Arzobispo cuando nos recibió en el primer patio de Palacio para darnos su bendición. Y bien que me acordé de lo que le hubiera gustado a monseñor ese chute de sevillanía mariana acompañando a los quinteños a la capilla de la Esperanza de Triana. Nos juntamos unos doscientos que seguíamos a una sencilla cruz de madera, portada en cada tramo por un niño o una niña. El padre Adrián llevaba un altavoz para unir nuestras plegarias desde la cabecera a la cola y la gente nos miraba entre sorprendida y agradecida.

Siempre me ha gustado cantar y creo que hacerlo a coro y a cuatro voces es uno de los más bellos logros que alcanzó el ser humano. Me sé de memoria esa canción que canta Julie Andrews con los niños en la película Sonrisas y lagrimas y la canto mucho desde hace mucho tiempo. Antes a mis hijas y ahora a mis nietas: “Dulces muy ricos, montañas azules, ver que la nieve mi rostro sacude, el blanco invierno que muere el abril, cosas tan bellas me gustan a mí… Aúlla el lobo, muerde el perro, no me asustan más. Las cosas que amo, las cosas que amo, me alejan al fin del mal”.

Todos y todas sabemos el tono de la entrañable salmodia que cantamos desde niños en el Rosario de la Aurora: Dios te salve María llena eres de gracia. El Señor es contigo y bendita tú eres… Venga, venid y vamos todos con flores a porfía, con flores a María que madre nuestra es. Pero qué espectáculo tan deliciosamente ingenuo y fervoroso. Los cristianos toman la calle sin prisas y sin complejos para expresar su amor a la Santísima Virgen. Esto, ciertamente, sólo puede pasar en la bien llamada Tierra de María Santísima. Y lo hacemos así, libremente. Porque queremos y nos gusta y nos agrada y nos reconforta. Una anciana se enjugaba las lágrimas desde su balcón florido, más de un turista gritó entusiasmado: ¡Viva el Rocío! Y por la calle Pureza caían pétalos de rosas desde los balcones… porque Triana es Triana. ¡Qué maravilla! Yo me enrolé como una más de nuestra Coral. No iba ni tomando notas con idea de nada. Pero lo que me impulsó a escribir este artículo fue la frase del empleado que me vendió la botella de agua en la tienda de souvenirs del paseo Colón: “Esto es lo más bonito que ha pasado por aquí”. Con lo que verá pasar a diario ese chaval por este emblemático lugar donde la Maestranza se mira en el padre Betis: autentico testigo del vaivén de los tiempos en nuestra amada cuidad.

Las emociones empezaron con los saludos en la plaza Virgen de los Reyes, junto a la estatua de San Juan Pablo II y el primer misterio lo rezamos en la iglesia del monasterio de la Encarnación, donde las hermanas nos recibieron sonrientes en su clausura. Las guitarras y las voces del Coro con tablas acompañaban a los cantos de todos los peregrinos y salimos camino del Arco del Postigo que nos abrió amablemente un responsable de la Hermandad. La tercera parada fue ante la Piedad del Baratillo, la cuarta en la capilla de la Carretería y el quinto y último misterio lo presenció el Altozano bajo el azul del cielo. Ya entrar en el puente por Reyes Católicos a pleno sol y a plena luz del mediodía de Sevilla, con el tráfico cortado, fue un gran premio para el grupo de peregrinos quinteños que teníamos nuestra meta a los pies de la Esperanza trianera. Pero otra bella pincelada del camino fueron las palabras del hermano que nos abrió la capillita del Carmen: “Pedir, pedirle lo que necesitéis que Ella os lo dará”.

Y culminó la piadosa mañana en esa Casa Hermandad de la calle Pureza, que es el alma del viejo arrabal alfarero y marinero. Este 2018 están celebrando el Año Jubilar y desde esa Capilla de los Marineros, verdadero hogar de los hijos de Triana, los hermanos y hermanas unen sus plegarias a las de sus padres y abuelos honrando a sus titulares. Nuestro párroco, Adrián Ríos, ofició una misa de acción de gracias que acompañó la Coral polifónica de San Juan Pablo II. Un proyecto musical que nació hace apenas un año, cuando fuimos a bautizar a Elenita y la divina providencia nos trajo el regalo de volver a cantar. Nuestra Coral ya es una hermosa realidad por el entusiasmo de sus más de treinta componentes, la preciosa Escolanía y la experta batuta de su “joven” director. El próximo día veintiséis cantamos la misa de Confirmación de adultos y el 29 ofrecemos un concierto en la basílica del Gran Poder. Por cierto, seguimos admitiendo voces de las cuatro cuerdas: sopranos, contraltos, tenores y bajos así que si te gusta cantar ponte en contacto con la parroquia. Ese fue el periplo jubilar de este grupo de caminantes unidos en la Fe y hermanados en la Esperanza que quisimos llevar flores a María en esta clara mañana de mayo que ya estará para siempre en nuestros corazones.

>> Rezando a Triana. Por Lola Rodríguez Cortés

 

 

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